La verdadera forma de salir, buscando entre rincones sobre los que he pasado tantas veces, pensando y recordando si será su correcta ubicación, maltratando la poca memoria que me queda. Hundiéndome en el fango que me sujeta a una simple palabra. Adiós. Tan sencilla pero tan malévola. Una simple pécora del vocabulario común, ignorando que hace referencia a alguien que no piensa mas en uno, como tu haces de igual modo. Una excusa, un pretexto, un motivo, es todo lo que basta para hacerla nacer, como las comas y los puntos en un escrito, movidas por el unánime deseo de seguir. Tal vez la forma de salir sea la verdad. Diciendo adiós desaforadamente, irracionalmente, apretando el gatillo del vacío absoluto. Adiós. Dispara y mata, justo en el blanco.
No en el pecho. La razón sangra y cae malherida, abandonada a la poca suerte que tienes. Sobreviviendo de milagro, pero marcada por la cicatriz. No en la razón, si no en el pecho. Muere, vive. Que más da si una simple palabra te hundió en el fango del que ahora tratas de salir, siendo movido y removido para que no respires por aquella pécora mal agradecida. No la palabra, mas bien ella.

















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