Águeda
Por David Landa Rebolledo
20:30 hrs. Águeda recostada en el sillón escuchando la misma canción. El viento ulula lentamente. Águeda con su mente en la letra de la canción y observando el alumbrante cielo con su luna llena. Lleva más de una semana escuchando la misma canción: “Recuérdame cuando me haya marchado”. Antes, mojaba sus ojos todo el tiempo. Hoy, están secos. No sirve de nada llorar. Observaba la portada del disco, el álbum familiar y el retrato del buró, ya que en todos lados estaba la misma fotografía. Recordaba todos aquéllos momentos en los que fue feliz con el amor de su vida. Veía la guitarra, que él tanto quería. Ahora lo escuchaba. Cantando la canción que le compuso y que ella prometió escuchar cuando él no estuviera más con ella. El llanto la inundó una vez más, no pudo soportar y apagó el estéreo. Quiso correr a la cocina, pero se detuvo. Quiso correr por la escalera, se contuvo. Quiso correr a la ventana, no lo hizo. Recordaba la promesa que hizo. Ser fuerte y soportar que él ya no estuviera.
22:00 hrs. Subió a su recámara, cansada. Para entrar en un sueño del que no despetaría jamás.
22:00 hrs. Subió a su recámara, cansada. Para entrar en un sueño del que no despetaría jamás.

















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