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UNIVERSITARIOS DE XALAPA

NO OLVIDES QUE ESTE LUGAR NO ES SOLO UN DUCTO DE EXPRESIÓN, SON TUS PRIMERAS PUBLICACIONES Y TUS PRIMEROS INTENTOS DE ENTRAR AL DIFICIL MUNDO DE LA COMUNICACIÓN.

7 de agosto de 2006

A un querido Amigo

Por David Landa Rebolledo


Como recuerdo aquéllos grandes momentos en los que íbamos juntos a la escuela, aquéllos momentos en los que yo no tenía casa, su casa era mi casa. Ahí me pasaba casi todo el tiempo. No había un “no” para él a todo lo que proponía. No me hacían falta mis hermanos. Doña Fernanda, su mamá, me caía muy bien, a pesar de ser como era. A donde él iba, iba yo con él, a donde iba yo, él venía conmigo. Lo que a él le gustaba, a mí también. Amigos no me faltaban, pero con él no me hacían falta. Aunque tampoco los ignoraba.

Es muy bonito para mí recordar eso, no sé si para él también lo sea. Lo que no es bonito recordar es el momento en el que nos tuvimos que separar. Todo lo ocurrido fue por mi culpa. Yo ya no quería seguir con esos juegos “estúpidos” que él me proponía. Realmente no me divertían las cosas que hacíamos juntos, lo único que quería era entrar a una secundaria ajena a la de él. Él no se quería separar de mí. Su mamá le dijo que entraría a la escuela donde estudió su hermana, pero él quería entrar a la escuela donde iba yo. Cuando me enteré de que él no iría a esa escuela, sino a la mía, lo primero que pensé fue: “no, a esa no”. Mi elección sería otra, obviamente sin consultárselo. Todavía guardo ese lindo regalo que él me obsequió el día que nos graduamos de la primaria. Y lo guardaré por siempre.

Y bueno, pasó lo que tenía que pasar. Ahora él en una escuela, y yo en otra. Me sentía tranquilo de respirar un aire diferente, donde sí podía ser yo. Ahí está el problema. Ser yo. Gracias a Dios nunca me faltó con quien platicar o con quien participar en trabajos en equipo o con quien llevarme en la secundaria, en la preparatoria y hasta la fecha en la universidad. Pero analizando muy bien las cosas, cabe mencionar que jamás volví a tener un “verdadero amigo” cerca de mí. Me di cuenta de que me hacía falta alguien me diera consuelo, aliento para hacer las cosas, con quien salir a divertirme y quien me diera su apoyo para cuando lo necesitaba. Por desgracia, eso lo vine a descubrir, cuando él ya había hecho una vida con otros grandes amigos que tal vez les tomó un cariño superior al que me tenía a mí. Tenía que enfrenta al mundo solo, con personas que si te brindan su apoyo pero de la misma forma en la que un verdadero amigo que lo brinda. Jamás me enfrenté a él para decirle que no me gustaban los juegos que hacíamos ni las cosas que platicábamos, aunque la verdad hayamos sido los mejores amigos de la generación. Y por haberme alejado de él ahora me doy cuenta de que jamás volveré a tener a un gran amigo como lo fue él. A él ya no le interesa seguir con una amistad que yo terminé de manera muy informal y cobarde. Me gustaría volver a esa amistad, pero, ya no es tan fácil, cuando él tiene a otros amigos que lo saben valorar más que yo. Me lo merezco y lo tengo muy merecido. Pero aún así jamás lo olvidaré.

Y aquí estoy, escribiendo estas líneas pensando que si él las leyera, tocara a mi puerta, me diera un abrazo muy fuerte y me dijera que nunca hemos dejado de ser amigos y que podemos contar el uno para el otro, como antes.