Nombre: Claudia García Cortina
Materia: Taller de redacción III
El futuro
¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy? ¿Por qué estoy aquí? Son preguntas existencialistas que solo con el paso del tiempo descubrimos. Tal vez el propósito de nuestra existencia sea el darle respuestas a esas preguntas.
Dicen que el tiempo es sabio, y quienes lo dicen están en lo correcto ya que solo él puede lograr que se curen las heridas, no sólo físicas sino del alma.
Desde que somos niños lo que más ansiamos es crecer y hacer de nuestra vida lo que la mayoría de la gente nos ha enseñado que es lo correcto querer y anhelar. Pero cuando creces, de pronto te das cuenta que no todo es como creías, que las cosas, las situaciones, y todo toma otro color, otro contexto, otro significado, y es entonces cuando empiezas a preocuparte por cosas que antes no te importaban como lo es el futuro.
Muchos le temen, otros lo esperan optimistas, pero la gran mayoría da por hecho que tiene un futuro. Afirman que habrá un mañana. Que de pronto van a despertar y todo va a seguir siendo igual. Sin embargo, nadie sabe lo que va a pasar al rato, dentro de una semana o un mes. Tratamos de ser coherentes y de vivir nuestras vidas sin preocupaciones más que encontrar la felicidad. Entonces ¿qué es lo que realmente vale la pena? ¿vivir hoy? O ¿preocuparse por el mañana?
Hay personas que se jactan de decir que pueden predecir el futuro, de acuerdo a ciertas “artes adivinatorias”, la pregunta es: si así fuera ¿querríamos saberlo? Y si lo sabemos, ¿serviría de algo? De cualquier forma el conocer los acontecimientos del mañana solo contribuiría a aferrarnos a lo que tenemos ahora: la familia, los amigos, el amor; probablemente provocaría en nosotros el redespertar de nuestros sentidos, ya que cada vez que camináramos por la calle, seguros de la aproximación de la muerte, le tomaríamos más sentido a la vida, veríamos el cielo más azul, las hojas de los árboles más verdes, el viento en nuestro rostro más fresco que nunca, etc. Si podemos disfrutar de ésas cosas en el presente, entonces: ¿por qué preocuparnos por el futuro?
Materia: Taller de redacción III
El futuro
¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy? ¿Por qué estoy aquí? Son preguntas existencialistas que solo con el paso del tiempo descubrimos. Tal vez el propósito de nuestra existencia sea el darle respuestas a esas preguntas.
Dicen que el tiempo es sabio, y quienes lo dicen están en lo correcto ya que solo él puede lograr que se curen las heridas, no sólo físicas sino del alma.
Desde que somos niños lo que más ansiamos es crecer y hacer de nuestra vida lo que la mayoría de la gente nos ha enseñado que es lo correcto querer y anhelar. Pero cuando creces, de pronto te das cuenta que no todo es como creías, que las cosas, las situaciones, y todo toma otro color, otro contexto, otro significado, y es entonces cuando empiezas a preocuparte por cosas que antes no te importaban como lo es el futuro.
Muchos le temen, otros lo esperan optimistas, pero la gran mayoría da por hecho que tiene un futuro. Afirman que habrá un mañana. Que de pronto van a despertar y todo va a seguir siendo igual. Sin embargo, nadie sabe lo que va a pasar al rato, dentro de una semana o un mes. Tratamos de ser coherentes y de vivir nuestras vidas sin preocupaciones más que encontrar la felicidad. Entonces ¿qué es lo que realmente vale la pena? ¿vivir hoy? O ¿preocuparse por el mañana?
Hay personas que se jactan de decir que pueden predecir el futuro, de acuerdo a ciertas “artes adivinatorias”, la pregunta es: si así fuera ¿querríamos saberlo? Y si lo sabemos, ¿serviría de algo? De cualquier forma el conocer los acontecimientos del mañana solo contribuiría a aferrarnos a lo que tenemos ahora: la familia, los amigos, el amor; probablemente provocaría en nosotros el redespertar de nuestros sentidos, ya que cada vez que camináramos por la calle, seguros de la aproximación de la muerte, le tomaríamos más sentido a la vida, veríamos el cielo más azul, las hojas de los árboles más verdes, el viento en nuestro rostro más fresco que nunca, etc. Si podemos disfrutar de ésas cosas en el presente, entonces: ¿por qué preocuparnos por el futuro?

















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