Pobre Ramera
Por Farhid Cimé Ojeda
Pobre ramera de ojos tristes,
llorando sin consuelo una vez mas.
Mis palabras no la calman,
más sin embargo un punto de sonrisa,
tan suave como la brisa vuelve a brillar.
Mi pobre ramera de ojos tristes otra vida debe de tomar.
Pero no aprende de su error y en otros brazos vuelve a escapar.
Despierto en las mañanas,
y a mi lado no esta,
solo queda su silueta en mi cama,
su marca en la almohada,
y un ligero vacio,
que el adios y el estío,
siempre dejaran.
Aquella tierna ramera, de boca tibia y ojos tristes ha vuelto a escapar.
No me apuro ni me aflijo,
porque mi ramera de ojos tristes siempre volverá,
en busca de consuelo y palabras de amor,
que solo yo he tenido la osadía de pronunciar.
Pero a final de cuentas siempre se ira,
¡Ya que más, nada importa!
pues al final,
mi tierna ramera con ojos muy tristes siempre volverá.
















