sex health

UNIVERSITARIOS DE XALAPA

NO OLVIDES QUE ESTE LUGAR NO ES SOLO UN DUCTO DE EXPRESIÓN, SON TUS PRIMERAS PUBLICACIONES Y TUS PRIMEROS INTENTOS DE ENTRAR AL DIFICIL MUNDO DE LA COMUNICACIÓN.

16 de octubre de 2006


MI MUERTE CHIQUITA…

Por Farhid Cime Ojeda.

Nadie sabe como referirse a ella exactamente, algunos lo hacen con miedo, otros con devoción, otros simplemente se limitan a nunca mencionarla, pero la verdad es que tarde o temprano a todos nos tocara el turno de bailar con esa flaquita…

Para mi es solo una chamaca, bueno, ni tan chamaca, caprichosa, que por azahares del destino o de quien sabe quien le tocó ser la encargada de la molesta tarea de venir por nosotros, agarrarnos de la manita y llevarnos a donde debemos estar. Cada uno de nosotros debe interpretar eso de la manera en la que más le acomode, ya que no quisiera ser el culpable de mortificaciones prematuras.

A diferencia de otras culturas, nosotros los mexicanos tenemos la inmensa fortuna, o descaro, de celebrar a la muerte desde el momento en que se lleva a alguien, en mi tierra se le hace una especie de desfile, si bien, un poco fúnebre, con automóviles de color negro y extremadamente lujosos, claro esta, provistos por la agencia funeraria, ya que valga la redundancia, el muertito no tenia ni en que caerse muerto y como se fue sin avisar ni planear les dejo el asunto de sus funerales a los parientes mas cercanos y uno que otro chismoso que por querer saber de que se nos fue le toco poner el café y las galletitas en la fiesta que se ofrece en el hogar del ahora occiso. Lo cual me hace pensar en que aun cuando nos vamos de este mundo, seguimos siendo hipócritas.

En los casos en los que el potencial económico no es tan fuerte, quien sabe como se hace, pero después de enterrar al “maistro" , todos los presentes en tal ocasión recibirán uno o dos tamalitos de hoja, junto con cuantos vasos de atolito caliente puedan consumir, aunque después de dicho banquete se vean en la penosa necesidad de irse a tomar unas aguas bravas para poder bajar la comida, olvidándose del maistro caído, aunque en realidad nunca lo hayan conocido.

Lo cual nos lleva a la increíble ocasión de socializar que es el deceso de alguna persona, no importa si se le quería o no y mucho menos si era respetable o de dudosa profesión.
Siempre podremos encontrar en los funerales a primos que no se conocía, tíos y tías que te abrazan con una fuerza descomunal profiriéndote los mas sentidos pésames por el fallecimiento de tu tío abuelo Eupidio, al cual solo viste una ves en tu vida y fue cuando tenias once meses de nacido. Peor aun seria el penoso caso en el que te podrías encontrar intimando con alguien del sexo opuesto que te ha atraído y de pronto tu querida tía Eufemia se te acerca para ver con extremo gusto que ya conoces a tu media hermana, hija de la casa chica, que el difunto de tu padre mantuvo hasta ese mismo día de su muerte.

Además de todos estos inconvenientes, una vez pasados los tiempos de rigor para llorar y sollozar por el difunto (a), empiezan las vueltas a la oficina del notario, del abogado, de nuevo al notario y una vez mas al abogado, todo con el afán de recibir la cuantiosa herencia, e inclusive seriamos capaces de destripar a quien intente arrebatar lo que por haber pasado a regañadientes los últimos tres meses de vida con el abuelo.
Llega el gran día de la repartición de la herencia, todos van vestidos con sus mejores galas, y la cara más sobriamente posible, ya que es muy propio demostrar el dolo que ha dejado la partida de quien sabe quien.
Se atiende con regocijo interno que a tu primo le toco el reloj de pared, que a tu tía solo le toca un viejo piano mal a finado, llega el gran momento, van a decir que te toca a ti, todo lo feo ha sido repartido entre tus consanguíneos, solo queda la casa en Lomas del Ahuehuete y el Cadillac del año que el abuelo alcanzo a comprar con parte de su jubilación. Parece que vas a sonreír, evitas hacerlo, todos te miran, el notario pronuncia tu nombre y te dice que a ti te toca solamente el perro de la casa, ya que como fuiste el que mas tiempo paso con el abuelo, el decidió dejarte a su mas fiel fiel amigo. En cambio al estùpido de tu primo, patán y desobligado le dejo la casa junto con el auto, ya que son cosas materiales y esas no perduran.

Después de estas breves reflexiones solo queda preguntarnos si la muerte es para nosotros un miedo, una necesidad, o simplemente un medio económico para salir de deudas…

Instituto de estudios superiores Valladolid
Taller de redacción
Yoko González Cervantes

Muerte en la familia

En ocasiones por un sin fin de aptitudes, emociones o rencores entre familias se enojan mucho, hasta el punto de no hablarse. Si un tío hace un evento especial, como la cena de navidad e invita a sus dos hermanos, pero el segundo no asiste por que no se lleva con el primero, sin causa y razón alguna, y nadie logra quedar bien.

Curiosamente he notado y principalmente en mi familia que cuando un familiar muere casi todos asisten y eso si el que falleció lo permite, puesto que siempre hay algunos de sangre pesada que nunca se logran querer.

De dos tíos que han muerto, por uno se lloro más, por que también depende que tan cercano sea de ti, ya que unos viven en ciudad y otros en el rancho y obviamente no convives casi con ellos.

Mi primer experiencia fue algo terrible, fue cuando en realidad sentí lo que es perder a un ser querido, y lo peor ver como poco a poco lo van metiendo a ese hoyo profundo, después ver caer la tierra hasta cubrirlo completamente, la adrenalina se apodera de tú cuerpo y salen llantos de profundo dolor, por que la vida a veces suele ser injusta y se lleva a personas que no merecen marcharse todavía.

No tengo muy bien definido el concepto de familia, por que la mía toda esta dispersa en general, entre tíos, primos, abuelos, etc.

Solo se que todos hacen lo posible por estar un pequeño instante para dar el ultimo a dios, y tal vez dejar atrás el egoísmo que cada uno lleva por dentro,
librando el perdón aunque sea poco tarde y así dejarlos ir en paz.